martes, 14 de septiembre de 2010

Fecha señalada

El 15 se septiembre es una feha señalada. No es que vaya a hablar del 120 aniversario del cumpleaños de Agatha Cristhie, ni de la promulgación de las Leyes de Núremberg, ni de la fundación del Partido Fascista Republicano por Mussolini, sino de la temida vuelta al instituto.
Fecha de nefasto recuerdo, hoy se empieza el colegio con los mismos planes y promesas anuales:estudio de verdad, follo, no lo dejaré todo para el último momento, follo, mira que tengo este año la Selectividad, follo, etc.
Y entre fantaías sexuales habéis leído uan gran verdad: este año me toca la Selectividad. Examen de vital importancia para poder acceder a la Universidad. Luego, de ahí estudiarás cuatro años, estudiarás dos más un máster, incluso un doctorado, junto con cursos de idiomas y alguna chorrada más. Luego, uan vez estés bien moldeado según los cánones del sistema, engrosarás las listas del paro, y te darán un trabajo insustancial, muy alejado de lo que querías ser en realidad.

Pero no todo el monte es orégano. Pensad que si no fuese por el colegio y sus antecesores, muchas personas no habrían conocido la discriminación, las vejaciones, el maltrato, la impotencia. La sociedad no estaría estructurada, y todos viviríamos en pelotas como salvajes, fornicando como animales mientras la madre naturaleza nos brinda sus dorados frutos bajo un tenue y tonificante solecillo que...(Vale vale, en otras civilizaciones no había colegio y no pasaba eso, me estoy recreando en mi paranoia)

Así que hale, ¡feliz vuelta al cole 2010!

viernes, 10 de septiembre de 2010

Centurión

La peli de romanos de turno. Pero esta película se basa en algo más que batallitas, gladiadores de torneados pectorales embardurnados en aceite y sexo entre el patriciado romano. De heho, no hay nada de lo anteriormente mencionado.
Lo primero de todo, es que esta película rompe los últimos moldes del género, donde los romanos eran siempre los malos, los corruptos, los fornicadores. En esta peli, los "bárbaros" son eso, los bárbaros, aunque con motivos, claro.
La peli, en líneas generales, trata de unos romanos que huyen tras perder la batallita contra un pueblo que resiste todavía y siempre al invasor. Pero son caledonios, concretamente, no un galo chiquitajo y un obeso transportista de menhires que...
La película recuerda a ratos al Señor de los Anillos, con las escapadas entre las colinas, como si de los compases iniciales de las Dos Torres se tratase. Tiene momentos de casquería, e incluso hay una escena que parece sacada de una peli de zombies de las de antaño. Respecto al amor, casi no existe: es además muy casto.
Las batallas van en líneas generales: aparte de la inusual casquería, va con la técnica "dale la cámara al pajero del equipo", es decir, batida y centrifugada.
Los personajes no empatizan, y casi te la pela su destino. El final no lo aclaran muy bien, y no te enteras de este. La trama trata de dar vueltas y giros que mantengan en vilo al espectador, pero yo particularmente los vi casi todos.
La recomiendo para verla sin muchas pretensiones.

SPOILERS

La batallita del principio en es mas que una degollina en masa. Lo de las bolas de fuego es una ida de perola colosal.
"Shakira" (perdón, pero es que a una tia que la llaman "la loba" no puedo buscarle otro mote) es otra ida de olla.¿Cómo puede meterse en la inteligencia romana sin saber hablar?
Los Pictos en general van bastante limpitos, a diferencia de cómo suelen ir los malos en cualquier otra peli. Eso es bueno.
La macedonia multiétnica de romanos, que si es decir que solo fuese al principio, en la legión de 3.000 soldados pase, pero los supervivientes son de cada rincón del Imperio Romano.
El negro que cruzó la frontera Numidia corriendo buscando vida en las tierras romanas.
En este película se pone de manifiesto es "corres menos que el caballo del malo". No van a pillar a ningún romano a caballo en esta peli.
Cuando comen mierda de ciervo. Al principio creí que se iban a meter dentro del ciervo, estilo Luke y Han en el Imperio Contraataca. Luego resulta que se comen la caca del ciervo. Y así los pilla la tía, hediendo como hedían

domingo, 5 de septiembre de 2010

El poder del odio

Llevo cierto tiempo planeando un post, entre historias de calzoncillos, escritos melodramáticos y otras gilipollces varias, he estado pensando un buen post. Primero pensé comentar una peli romántica argentina de los noventa que vi el otro día, pero como el curso está cercano y no quiero acabar marginado, pasé de crear el post. Luego pensé en un post basado en esas joyas que fueron los dibujos animados de los noventa, así que invertí el sábado por la noche a hacerlo: me dí cuenta de que eso era una soberena gilipollez, el post no tenía coherencia y que además ayer fue sábado, y el sábado por la noche no se me ocurrió nada mejor que hacer ese post, por lo que tengo que darle un ambio serio a mi vida.
Luego se me ocurrió criticar a Crepúsculo, esa estúpida obra de vampiros que se enamoran, y que ha sido plagiada mil veces, y es imposible entrar una puta página web sin que te asalten banners de "Tu nombre en vampiro" o "Lucha final entre hombres lobo y vampiros" (ni porno se puede ver tranquilo).
El único problema real que tengo con Crepúsclo es que no la he vist, no he leído el libro, ni tengo intención de hacerlo.
A ver, respecto al libro, no voy a pagar 20 eurazos por semejante bazofia, no aguanto las historias de amor (excepto la peli argentina...), y ninguno de mis amigos es sodomita, por lo que descarto que lo tengan. ¿Amigas? Si tuviese amigas no estaría el sábado por la noche haciendo un post sobre dibujos animados de los "90, os lo aseguro. Además, llevo un verano impecable: he leido a Vassily Grossman, a Hemingway y estoy leyendo a Tolstoi; sería destrozar una racha muy bonita.
¿Ver la peli? Me daría vergüenza alquilarla, es el único videoclub del barrio y entre esas cuatro paredes me estoy forjando una reputación (solo he alquilado pelis de zombies y cine independiente, tampoco es que esté muy acá). ¿Internet? Yo uso el blue ray de la Play3, y no admite las copias piratas, y verla en Megavídeo en mi portátil tirado en la cama no es muy halagueño. Quizás me decante por esa opción, o esperar a que la pasen por la tele (Wow, echan un documental sobre el apareamiento de la cucaracha en la 2, o puedo ver Intereconomía...dilema moral entre estos tres prodcutos) por lo que pienso que criticar una película que no me visto no sería ético. No obstantem tanto hype tampoco es ético.
Ahora pienso ¿qué diferencia hay entre los frikis que han visto The Clone Wars y las quinceañeras dedo-pasa que ven Crepúsculo? Ambos ven la misma mierda (The Clone Wars es mierda pura, señores). Ninguna, solamente que la quinceañera estúpida se pasará a otro subproducto que tenga unos abdominales de chocolate (en tableta, los bombones no atraen a las mozas) y sea un rebelde injustificado, y el friki seguirá viendo The Colne Wars, las seis pelis de la saga (de las que para mi solamente existe la trilogía orginal) y sabrá la diferencia entre un AT-AT, un AT-ST y un AT-AA y porqué los midiclorianos han sido la mayor patada argumental que le ha dado Lucas a su maltratada saga. Y que ellas no son consideradas frikis socialmente.
Bueno, ahora direis: ¿porqué odias tanto Crepúsulo, si no las has visto ni sabes de qué va? ¿Igual que ellas y algunos ellos siguen como zombies descerebrados a Edward y su palabra es ley, tú no te conviertes en un hype por odiar algo que no has visto?
Ese es el misterioso poder del odiado. He odiado dos o tres cosas en mi vida sin verlas: Crepúsculo, Física o Química (¿Porqué no Lengua o Literatura?) y en un acto de misantropía a un tipo que no he llegado a conocer. Con el amor, ese extraño sentimiento, no pasa lo mismo. A no ser que algún capullo me venga con lo del flechazo (Si crees en Cupido, ¿porqué no crees en el Ratoncito Pérez y los Reyes
Magos; además, vas al infierno por pagano y creer en otros dioses).
El odio es, por lo tanto, un sentimiento un tanto extraño, que conviene moderar, particularmente cerca de armas de fuego, armas blancas y cerca mía.
Acabo el post con un consejo para las fans de Crepúsculo: si quereis encontrar al amor de vuestra vida en un ser incomprendido y blancuzco, mirad en el fondo de vuestra clase, donde se encuntre un friki torturado por algún cani.
Si no, ligad como cualquier adolescente que se precie: hasta las trancas de whisky barato en un botellón.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Intrépidos compradores 2

Siento el retraso, me lie con los nombres al escribir la segunda parte en mi vacaciones estivales. Que lo disfruteis:

En la refrigerada estancia, Pablo miraba pasmado las enormes hileras de estanterias de la tienda, cargada de lo que a él le parecía ropa ordinaria, estrafalaria y cara, subrayando en sus pensamientos este último vocablo.
-¡Vamos!- dijo Juan, sonriendo. Pablo se quitó las gafas de sol, aunque se arrpintió de quitárselas, dado que los focos resultaban hirientes. Tras sortear una suerte de hileras y maniquíes, con ropa cada vez más cara e idiota según el juicio de Pablo, se encontraron ante una pared llena de calzoncillos, de todos los tamaños y colores. Pero no estaban los clásicos calzoncillos de algodón, lisos o con filigranas, largos como si fuesen un pantaloncito, que acostumbraba a calzar Pablo.
-Bueno, aquí los tienes. Sabía que te encantarían- Juan, en la suficiencia que siempre trataba de mostrar para ocultar sus complejos e inseguridades, no podía alcanzar a ver la cara de Pablo, que miraba espantado lo que él veía como unas excentricidades de lycra.
-A ver, Juan...- Pablo iba a tratar de ser suave, rozando la cortesía, puesto que no quería peleas con su amigo- yo uso calzoncillos de algodón, ciento por ciento algodón, con perneras y sin un elástico que moleste mi...
-Venga ya, Pablo, los calzoncillos de algodón ya no se venden, desaparecerán como han desaparecido los casetes, los videos y la cultura en la televisón...
-¡Pues mientras unas fieles tejedoras sigan haciendo calzoncillos de algodón, yo seguiré comprando calzoncillos de algodón!- Pablo estaba enervado y nervioso, gracias a esa capacidad innata de Juan para sacar de quicio hasta al mismísimo Santo Job.
-Vega ya, Juan! Pero si es la moda y todo...
-Luis, los calzoncillos no van a la moda. Se llevan por dentro del pantalón y...
-Pues este año no ha sido asi...- si, así era. En esos locos tiempos, el calzoncillo subía por encima de la cintura, y el pantalón bajaba un poco de esta, mostrando los calzoncillos de manera grotesca. Otra de las estupideces a purgar según el criterio de Pablo. Y otra estupidez que Juan imitaba, no por estúpido, sino por complejo. Afortunadamente para Juan, su padre había decidido, dos años antes, que Luis y un pañuelo palestino no podían convivir bajo su techo, salvándole de las burlas de Pablo y la pandilla. Todas esas ideas venían a la cabeza del enfurecido Pablo, que viendo la hora que era tendría que posponer su compra para el día siguiente.- Luis, si me encuentras un calzoncillo de algodón, lo compro, pasando por alto el horroroso diseño que tenga.
-¿Y por qué no de lycra? Son muy cómodos, flexibles y...
-Y nada. No me gustan, no me gusta llevar nada pegado a la entrepierna, y los pelos como que pican.
-¿Pero no estás depilado?- dijo asombrado Juan, que en su cabeza no podía creer que aún hubiese gente que no hubiese pasado por la cera.
-No me jodas que también te depilaste ahí- Pablo puso especial ahínco en la última palabra, totalmente asqueado.
-Claro que sí, tod...
-No no no, no me lo cuentes. Prefiero no saberlo. Mira, déjalo que en que no me gusta tener lycra pegada a mi entrepierna
-Pero deberías usar la cera en...-reincidió Juan, tratando de dar uno de sus brillantes consejos.
-¡Mira, Luis, lo único que debes de saber de mi entrepierna es que es más grande que la tuya, y punto!
-¡Ja, ya te gustaría!- respondió burlón Luis.
Deben de saber los lectores que cuando dos adolescentes se inmiscuyen en esta diatriba, nunca suele acabar, y menos bien. Podrían pasar horas y horas hiperbolizando su miembro viril, rayando la broma, pero tomándolo en serio. Pero como esta es una obra de ficción (y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia), dejemos en que ambos dejaron la impúdica conversación tan amigos como antes.
-De acuerdo, si encontramos unos calzoncillos con una bragueta monstruosa, te los compras- respondió mordazmente Juan, retomando la fálica conversación. Un momento, mira esto- descolgó unos calzoncillos, verdes con infinitas líneas con tonos parduscos atravesándolos, con una palabra italiana en el elástico que indicaba su diseñador (Pablo volvió a mostrar su rechazo a que unos vulgares calzoncillos fuesen “de diseño”)- estos calzoncillos tienen el cincuenta por ciento de algodón. Ahora sólo saldrás la mitad de defraudado- y comenzó a reirse de su propio chiste.
-No, no, prefiero que...no- Juan notó el tono de Pablo cambiado, la seguridad de su voz había sido sustituida por la ira, una ira ciega y despiadada.- Oh, Pablo, no me digas que es por esto- y señaló la palabra italiana del diseñador- macho, que de eso hace dos meses. No puede ser que aún te andes rallando por eso.
-¡Cállate, joder! Tu no sabes lo que es eso, porque nunca lo has sabido!

Todos los fantasmas de Pablo habían vuelto al leer aquella palabra, al igual que volvían cuando veía un anuncio de pizzas por la televisión o veía las tres barras, grana alba y verde en cualquier lado.

Continuará

domingo, 15 de agosto de 2010

Los Mercenarios




Vi ayer Los Mercenarios, sin saber que iba ir a ver una peli donde Stallone, Schwarzenegger, Bruce Willis, Jet Li y Jason Statham (aunque a estos últimos acabo de conocerlos) estaban juntos. Obviamente, con ese título no esperaba ver una película reflexiva, pausada que hable sobre metafísica y la mísera existencia humana (para eso me hago publicidad y leed unos post abajo) pero no me esperaba semejante ensalada de ostias y que además fuese un peliculón.Últimamente, las películas de acción tenían tramas tan enrevesadas, con tantos personajes de moral tan ambigua, escenas oscuras y con movimientos bruscos de cámara que no entendías nada (ver "Yakuza o "Alien vs Predator 2", "Hitman") que se me quitaron las ganas de ver pelis de acción. Pero en esta película todo es claro como el agua: hay unos malos, unos buenos (que en realidad son buenos porque la historia se cuenta desde su punto de vista), y la trama discurre clara como ese agua que he citado antes por un grácil arroyuelo.
Esto sacrifica un poco el hecho de que no lleva mensaje (ni hay que apoyar al tercer mundo dando el 1.2 del PIB, ni lo cruel que es el contrabando en África o que el hombre blanco tala bosques y mata ballenas) pero te mantiene pegado a la butaca los 90 minutos de peli.
PD: Dicen los expertos cinéfilos de Filmaffinity que esto es cine de acción puramente ochentero. Lo cierto es que los actores y la BSO dejan un tufillo a aquella década. Si esto es así, tendré que desempolvar "Terminator" y echarle un vistazo a la hexalogía de Rambo.
En resumen: ve a verla

Ahora, llega la hora de la casquería, voy a destripar la peli. Si no te las visto, quita tus impuros profanso ojos de aquí:
-Se acabron los negros tercermundistas chabolistas, y los dictadores que comercian con diamantes y niños-soldado. Esto es un paraíso tropical bananero al estilo de los setenta (como los uqe puedes hacerte en Trópico 3) con un dictador barbudo bananero, y un ejército bananero de los de AK-47 (que caen como moscas ante nuestros mercenarios con fusiles de última tecnología). Y esto me encanta.
-Historias qu no viene a cuento: Jet Li quiere un aumento de sueldo, pero sólo se habla del tema en dis escena,s y no es aclara en la peli porqué es.
-Atentos al anillo de Stallone.
-La proposición de Bruce Willis a Schwarzenegger y Stallone de que se felen. Quedaría muy gay (y ojo que yo no pierdo aceite) pero sería un hito cinematográfico.
-En el asalto al barco pirata de Somalia, ¿no había más mercenarios?
-¿Dónde está Chuck Norris?

jueves, 5 de agosto de 2010

Intrépidos compradores

Calurosa la tarde del estío, Pablo y Juan iban bajo el sofocante calor por una acera de su barrio. No daba el sol de lleno por los gigantes de adobe, edificios encalados de blanco, con sus cornisas pintadas, ora de amarillo, ora de rojo, y sim embargo, el bochorno era a duras penas soportable.
-Pablo-dijo Juan, con tono de queja- Tu ya sabes que yo considero el mero hecho de ir a comprar ropa con un tío ya es bastante de maricas, como para que encima vayamos a comprar unos calzoncillos para ti.
Así era Juan, el eterno acomplejado del grupo de amigos, siempre preocupado de lo que en boca de otros se diga de él. No obstante, la que peor llevaba su complejo era su billetera, siempre vacía por las ingentes cantidades de dinero que se compraba en ropa, colonias y calzado, todo de la mejor marca y fabricante. Sus problemas con las mujeres no hacían mas que aumentar ese complejo, lo que le hacía comprar más y mejor ropa, entraba en un círculo vicioso. Todo ese torbellino de inseguridades y frustraciones se veían reflejadas en su atlético cuerpo, macizo, curtido en los mejores gimnasios, gracias a las cuotas abonadas por sus padres. Su rostro, de facciones finas, totalemente imberbe, resultaría atractivo a cualquier mujer dispuesta a dejarse amar. No obstante, sus inseguridades, paranoias y falta de experiencia en el mundo de las féminas le jugaban malas pasadas.
-¿Tienes algo que hacer?-Pablo, aunque brusco en su trato, siempre buscaba lo mejor para quines le rodebaban (quines le rodeaban que le caían bien, por supuesto). Aunque esa frase que acabase de pronunciar tuviese cierto tono de reprimenda e ironía a partes iguales (puesto que sabía que Juan no tenía con quién más ir), era simplemente un rasgo que debía de pulir. Desgarbado, con la cara cubierta de perenne pelusa, más bajo que Juan y menos en forma, Pablo sabía algo más de mujeres que su inseguro amigo. Lo que pasa es que es fácil saber más de mujeres que el desdichado Juan.
Apenas dos o tres escarceos amorosos, chiquilladas, copaban su palmarés. Quizás fue el tercero el que más relevancia tenga en este relato, pero todo a su debido tiempo.
-Bueno-dudó Juan-Creo que tenemos algo mejor que hacer, me refiero. Fíjate en nosotros, dos jóvenes fuertes y atléticos no tenemos nada mejor que hacer en verano que ir a comprar calzoncillos. Deberíamos de ir por ahí, de fiesta.
Pablo le miró a través de sus gafas de sol. Obviamente Juan no pudo apreciar la mirada de su compañero, pero en ella habría visto una muestra de ironía y diversión. Obviamente Juan se refería a ligar, a salir a conocer mujeres de su edad, pizpiretas y de risa fácil. Pero Juan era n iluso. En una ciudad del interior, en pleno agosto, no se podía ir a ligar. Su amigo probablemente acabaría desistiendo, dejándose el contenido de su billetera en la barra del pub y siendo llevado a hombros por Pablo hasta la puerta de su casa. Y ese no era el plan que tenía Pablo para esa tarde. Era comprarse unos calzoncillos, dar una vuelta y cenar en su casa, para luego ver la televisión un rato.
-No-dijo tajantemente Pablo- he dicho de comprar calzoncillos, y calzoncillos compraré.
Durante el corto trayecto entablaron una animada conversación, banal para el lector de este relato, pero que acortó el camino a nuestros intrépidos comparadores. Pablo se paró ante una sencilla tienda de barrio, Confecciones Ana rezaba el rótulo. Ante el asombro de Juan por el destartaldo sitio, preguntó a su amigo si de verdad pensaba comprar allí su ropa interior.
-Por supuesto, aquí los compro siempre.
-Pero-Juan miró a la dependienta, una vieja sentada en una silla de mimbre ante un ventilador, que mecía sus canos cabellos-aquí es donde se los compraría mi abuelo. Ven, te diré un sitio mejor, de verdad.
-A mí me gusta aquí.
-Nah, déjate de tonterías y ven conmigo.
Juan dirigió a Pablo hacia el centro de la ciudad. Viendo el cmabio de paisaje, Pablo advirtió a Juan:
-No voy a gastarme más de tres euros por calzoncillo, Juan.
-Cuestan hasta más baratos-mintió Juan, seguro de que su amigo quedaría maravillado por los calzoncillos que le iba a mostrar.
Según se iban internando el centro de la ciudad, desierta por el calor, Pablo dudaba más de la idea de su amigo. Las ideas de Juan cambiaban constantemente, a cada cuál más descabellada. Recordaba cómo un día los engatusó para ir a una discoteca, a él y a todos sus amigos. Pablo no era amigo de las discotecas, pero accedió. El día invernal, lluvioso como nunca lo había estado por aquellas tierras, comenzó a empañar los planes del grupo. Tras llegar empapados, con sus mejores galas,desde el centro de la ciudad hasta el polígono donde se encontraba la discoteca, vieron que estaba cerrada. Monumental fue el enfado del grupo, y monumental la sobriedad de aquella noche. Historias así había pares acerca de Juan, el eterno incomprendido.
Habían llegado ya a la tienda, una tienda de las que tanto abundan en los centros de las urbes, todas de cristal y metal, con música a todo volumen. Si a Pablo no le gustaban las discotecas, estas tiendas las odiaba. La función de las discotecas era poner música y ofrecer pista de baile a los que esa afición les guste practicar, por lo que Pablo lo respetaba. Pero la función de una tienda era comprar, no escuchar música.
-Ven, están en la segunda planta-dijo Juan, alzando la voz, debido al insoportable ruido.
Y Pablo, resignado, fue a ver los calzoncillos.

CONTINUARÁ

lunes, 26 de julio de 2010

Unos rápidos consejos

Aprovecho este oasis de conexion a la red de redes entre vacaciones para recomendaros una cosa:
-Antena 3 acierta de lleno en su parrila al estrenar, aunque solo sea en Neox, el Show de Cleveland, las nuevas temporadas de Futurama y "Las desventuras de Tim" Muy recomendables estas últimas Humor ácido y adulto, y alejado del humor incohoerente de las últimas temporadas de "Los Simpson" y "Padre de Familia"